POV DE LUKE:
Ahí estábamos ambos, Eric y yo, enfrente de aquellas dos chicas que nos miraban desconcertadas en el marco de su puerta.
- Tenéis algo que necesitamos -dije intentando llevar las riendas de la situación.
Ambas se miraron durante un segundo, y seguidamente salieron, cerrando la puerta tras de sí.
-Creo que ya va siendo hora de que os machéis de aquí -aseguró la muchacha de pelo rubio en tono amenazante.
En ese momento me planteé cómo habíamos llegado a ese punto, pues eso era algo que no tenía tan claro.
Flasback (unos días atrás)
Eran las doce del medio día cuando llegamos a Roma, Italia, con todo nuestro equipaje para pasar el resto del año. A Eric lo habían destinado a esta ciudad debido a su impecable currículum en la facultad de Arqueología de Londres, tanto de estudiante como de maestro. Su gran sueño, el cual por fin iba a cumplir, por lo que no podía estar más feliz.
Cualquier persona que lo observara no se percataría de la emoción que sentía, ya que tenía ciertas dificultades para mostrarlas. Sin embargo, después de conocerlo durante tanto tiempo, yo sí era capaz de darme cuenta de su jubilo.
- ¿Y bien? ¿Dónde está el piso en el que viviremos? -pregunté alegremente.
- Al lado del campus universitario, así que vamos a coger un taxi.
Tras aproximadamente una hora, llegamos a este, el cual en el ordenador se mostraba amplio y luminoso, a pesar de que en la realidad era bastante diferente, pues su tamaño no se correspondía con el mencionado en la página, y además era un tanto oscuro.
- ¿Soy el único que se siente timado? Esto es más pequeño que mi antiguo cuarto. -aseguré.
- Emmm... -dudó, parecía bastante desconcertado- Ya comprendo por qué era tan asequible.
Seguidamente nos miramos y entramos al piso. Él se fue para la única habitación que había, mientras que yo me aseguraba de que no le hubieran engañado con el sofá-cama también. A continuación, me senté en este y observé el apartamento. Era bastante pequeño, sin entrada, la puerta daba directamente al salón, junto al cual se encontraba la cocina abierta al mismo. En el fondo estaba la habitación de Eric, la cual desde mi posición se veía diminuta, con paredes blancas, una cama individual y un armario empotrado. A la derecha estaba el único baño de la casa, no podía verlo desde mi posición, pero observando como era todo el piso, el servicio podría esperar.
Sin lugar a dudas había caído muy bajo en unos cuantos meses, de estar rodeado de todo lo que un hombre pudiera desear; una enorme casa, una gran familia, un coche de última generación y las mujeres más bellas, a estar viviendo de la ayuda de mi mejor amigo, sin nada, ni tan siquiera mi coche, puesto que había tenido que vender mi Jaguar XE para poder venir a Italia y sobrevivir unos meses hasta encontrar un nuevo trabajo.
Tras aproximadamente una hora, llegamos a este, el cual en el ordenador se mostraba amplio y luminoso, a pesar de que en la realidad era bastante diferente, pues su tamaño no se correspondía con el mencionado en la página, y además era un tanto oscuro.
- ¿Soy el único que se siente timado? Esto es más pequeño que mi antiguo cuarto. -aseguré.
- Emmm... -dudó, parecía bastante desconcertado- Ya comprendo por qué era tan asequible.
Seguidamente nos miramos y entramos al piso. Él se fue para la única habitación que había, mientras que yo me aseguraba de que no le hubieran engañado con el sofá-cama también. A continuación, me senté en este y observé el apartamento. Era bastante pequeño, sin entrada, la puerta daba directamente al salón, junto al cual se encontraba la cocina abierta al mismo. En el fondo estaba la habitación de Eric, la cual desde mi posición se veía diminuta, con paredes blancas, una cama individual y un armario empotrado. A la derecha estaba el único baño de la casa, no podía verlo desde mi posición, pero observando como era todo el piso, el servicio podría esperar.
Sin lugar a dudas había caído muy bajo en unos cuantos meses, de estar rodeado de todo lo que un hombre pudiera desear; una enorme casa, una gran familia, un coche de última generación y las mujeres más bellas, a estar viviendo de la ayuda de mi mejor amigo, sin nada, ni tan siquiera mi coche, puesto que había tenido que vender mi Jaguar XE para poder venir a Italia y sobrevivir unos meses hasta encontrar un nuevo trabajo.
Me encontraba lamentándome de mi mismo, cuando mi amigo apareció de nuevo en el salón.
-Ese cuarto es minúsculo, ¿cómo voy a poder hacer mis investigaciones y mis trabajos ahí? Por no hablar de la cama, parece que esta hecha de ladrillos.
-¿Quieres que te cambie tú mierda de habitación por mi alucinante sofá-cama?
Durante unos segundos contempló el salón, para posteriormente negar con la cabeza.
- Creo que tenemos que ir a por un colchón nuevo y a por pizarras -sentenció.
- ¿Pizarras? ¿Para qué quieres pizarras?
- Para pegarlas por la pared del lado del armario, y de este modo poder hacer anotaciones de mis progresos con Nerón.
- ¿Y tus libros? Has traído media biblioteca de Londres, ¿dónde los vas a meter? Y otra cosa, ¿Nerón?
- Debajo de la cama ¡qué remedio! Y respecto a lo de Nerón, ya sabes de lo que hablo, quiero investigar si es cierta la historia que cuentan sobre él, si existe de verdad...
- ¿Sigues con eso en la cabeza? ¿Por eso aceptaste el trabajo? -le interrumpí.
- Por eso, y porque Italia es el lugar con la historia más interesante del mundo -afirmó con solemnidad.
- Pues quiero ayudarte en esa búsqueda. Te puedo ser muy útil.
- No sé...-dudó.
- No sabes ¿El qué no sabes? ¿Dudas de mi inteligencia? Que seas profesor de universidad no quiere decir que seas más listo que todos.
- Bueno, no sobre tú inteligencia, que es algo que se puede discutir... sino sobre el hecho que a lo mejor tengo que hacer ciertas cosas, que no están bien vistas desde el punto legal, pero que son necesarias.
En ambos caso, me sentí insultado, no obstante, lo último que dijo me desconcertó y más viniendo de un hombre tan correcto como era él. ¿De dudosa legalidad?
La semana pasó con tranquilad, por un lado, él iba a a su trabajo puntualmente,mientras que yo, por otro me dedicaba a acomodar el piso al máximo para que pudiéramos vivir en este, sin caer en una depresión. A todo ello, debía sumarle que no comprendía nada de italiano por lo que salir a hacer la compra o cualquier otra cosa era un suplicio para mí. Por lo tanto, no me quedó más remedio que hacerle caso a Eric, por una vez en mi vida, y apuntarme a clases de italiano, donde me recomendaron iniciar la búsqueda de un trabajo a media jornada para ir mejorando poco a poco el idioma, hecho que me estaba resultando bastante complicado llevarlo a cabo.
Un sábado por la mañana, mientras mi amigo desayunaba y miraba uno de sus mil libros, cogí mis cosas y me fui ha hacer una visita turística por Roma, tenía que conocer la ciudad en la que iba a vivir, aunque tan solo fuera un poco. Al llegar al centro, después de discutir con el conductor de autobús, vi como había un grupo de turistas americanos al rededor de una muchacha rubia que iba vestida con una camisa blanca y unos pantalones negros ajustados, que no le quedaban nada mal, y sin duda alguna realzaban su belleza natural.
Entonces, al bajar y acercarme al grupo observé como ella se giraba hacia mí y me miraba de arriba a abajo.
- ¿Eres Peter? -me preguntó con un increíble inglés americano, a la vez que miraba una lista de nombres que tenía entre sus manos.
- No, quería saber si estoy a tiempo de unirme a la visita turística.
- Claro, vaya a esa oficina de allí y pague el ticket, nosotros le esperamos.
- Muchas gracias, ahora vengo.
Una vez compré mi ticket, volví con aquel grupo e iniciamos la visita, la cual consistía en ver aquellos monumentos históricos e importantes de Roma, como son: la Fontana de Trevi, el Coliseo Romano, y el barrio de Trastevere. En este último paramos a comer, ya que era un sitio agradable y bohemio.
Pero, pese a mi facilidad para unirme a cualquiera de los grupos de turistas por mi don de palabra y de relacionarme con las personas, el hecho de tener a una joven atractiva hablando sobre todos aquellos monumentos delante de mí provocó que no pudiera evitar acercarme a ella.
- Señoras y señores tienen una hora y media para comer, nos vemos aquí a las 4 -gritó para que se la escuchara entre todo aquel murmullo.
Entonces, las personas se fueron alejando de allí, sin invitarla a comer con ellos, por lo que decidí no dejarla sola, como un buen caballero que soy.
- Y bien, ¿qué hace una chica tan joven y atractiva como guía turística pudiendo ser modelo? -pregunté mientras me recostaba sobre la pared de la tienda más cercana.
- Directo -afirmó levantando una ceja- Interesante.
- Nunca me ha gustado andarme con rodeos, si veo a una chica tan guapa como tú, se lo tengo que decir.
Ella me volvió a revisar con los ojos una segunda vez, tal y como lo había hecho está mañana, pero esta vez dibujó una sonrisa en su rostro.
- Tú tampoco estás nada mal, inglés.
Lo siguiente que ocurrió pasó bastante rápido, tras una ligera comida en aquella misma plaza, donde estuvimos todo el rato coqueteando, le prosiguió el sentarnos en un banco próximo a ese restaurante y comenzar a darnos besos, primero más suaves y luego más intensos. Hecho que se vio interrumpido tras apenas unos diez minutos, por la llegada del grupo de turistas de nuevo.
La visita por Roma no duró mucho más, pues tan solo visitamos el Foro Romano después de la comida, por lo que sobre las seis de la tarde ya estaba libre para volverme a mi diminuto piso. Aunque antes de dispersarnos esta nos entregó el folleto de una nueva exposición que se iba a realizar ese fin de semana de tema romano, al que no le di mucho importancia, simplemente lo metí en mi bolsillo trasero del pantalón y me fui.
Ninguno de los dos nos despedimos del otro, había sido un simple coqueteo que no iba a ir a más, no nos interesaba, y yo tampoco era una persona que se comprometiera con nadie fácilmente.
Al llegar a aquel piso infernal, vacié mis bolsillos en la encimera de la cocina, y me fui a darme una ducha, tras salir con una toalla rodeando mi cintura en busca de mi ropa, la cual se encontraba en la otra mitad del armario de Eric, vi que este me estaba esperando sentado en el sofá con el folleto que me habían dado aquella tarde.
- ¿Por qué no me has dado esto nada más llegar?
- Porque es un maldito folleto de antiguallas romanas. Y no quiero ver hoy ninguna más -sentencié.
- ¿No sabes qué es esto? ¿Y pretendes ayudarme con lo de Nerón, cuándo ni siguiera eres capaz de ver lo que tienes ante tus propios ojos?
- Ya empezamos de nuevo, tío serás mi mejor amigo, pero eso no te da derecho a llamarme idiota cada vez que te de la gana.
- No te estoy llamando tonto, sino ciego. ¿Ves esto? -señaló la copa de estilo romano que había en el folleto- Esa es la copa de Nerón, la que utilizó para brindar el día que le nombraron emperador.
- Y eso quiere decir que ... ahí se encuentra alguna inscripción importante para tú investigación ¿no?
- Más o menos.
- ¿Quieres que vayamos a verla? -pregunté esperando que no me invitará a ir, pues odiaba asistir a exposiciones de cosas romanas o griegas con él, porque no paraba de darme lecciones acerca de cada pequeño e insignificante detalle, lo que era agotador.
- No, quiero robarla.
- ...Ahh ...Es ...Ahhh ...Mmmmm ...¿Qué? ¿Qué acabas de decir?
- No la quiero para siempre, solo durante unos días, luego la devolveríamos. Además, tengo una buena replica, no se darán ni cuenta.
- Ah bueno si tienes una replica me quedo muchísimo más tranquilo, total, romper unas cuantas leyes no es tan grave, tan solo nos pueden meter cuarenta años en la cárcel por robar una copa, que tiene más años y valor que nosotros dos juntos -dije sarcásticamente.
- No te pongas así, que ambos sabemos que tú tampoco eres un santo y no siempre haces las cosas más legales. Además, jamás haría esto sino fuera estrictamente necesario.
Me quedé un momento mirándole atentamente y analizando cada una de las palabras que había dicho. Es cierto que él jamás haría algo así de no ser por el bien de la investigación y el conocimiento, y tenía la certeza de que sería incapaz de quedarse con una pieza de tal valor para siempre. Aunque, eso no me eximía de seguir pensando que era una locura, pero sin saber muy bien por qué, acabe aceptando su idea.
Tal fue el grado de compenetración de ambos, que aquella misma tarde, habíamos realizado un plan perfecto, con varias alternativas, para salirnos con la nuestra.
La semana transcurrió rápidamente, casi sin darme cuenta era sábado de nuevo y la noche que habíamos elegido para llevar a cabo nuestro robo. El plan era relativamente sencillo, yo me quedaba afuera con el coche listo para arrancar, mientras él se paseaba toda la noche por el museo como guardia de seguridad, y cuando dieran las tres de la mañana provocaba un corto circuito, que apenas duraría más de cinco minutos, lo suficiente para que las cámaras de seguridad fueran privadas de la visión de la Copa de Nerón durante unos segundos, y así Eric pudiera realizar el cambiazo, sin que nadie se diere cuenta de ello.
Pero, por desgracia, algo fue mal tras el cortocircuito, pues mi amigo salió con las manos vacías, ¿no se había atrevido? ¿Su sentido de lo correcto podía haber influido más que su deseo de conocimiento? Al parecer ninguna de las dos opciones parecía ser la correcta, puesto que al montarse en el coche estaba en estado de shock.
- ¿Dónde está? -pregunté intrigado.
- Se me han adelantado.
- ¿Cómo? ¿La guardan por la noche?
- No, la ha robado una chica bastante ágil y rápida.
- ¿Y por que no traes la copia? No, no me lo digas, ¿las has dejado para que no salte la alarma?¿Verdad?
- Sí... No sabía qué hacer, me ha pillado por sorpresa.
- ¿Y ahora qué?
- Tenemos que encontrarla.
- ¿Cómo? ¿Has podido ver algo? De cualquier manera, macho, buscar a esa mujer en Roma es como esperar que llueva en el desierto, teniendo en cuenta que siga en la ciudad.
- Relájate, no me dejas pensar -gritó llevándose los dedos a ambos lados de la frente y cerrando los ojos - Medía aproximadamente 1'70, esbelta, de cabello largo y oscuro...la cara solo la he podido ver de medio lado, pero tenía la tez algo bronceada, joven, no más de veintiséis años, no sé ...rápida, demasiado.
- Aja, perfecto, eso y nada es lo mismo Eric. Hay miles de chicas con esa descripción y luego soy yo el tonto, no te jode.
- ¡Tonto no, pero ciego sí! -volvió a gritar- ¡Es esa chica! La que está corriendo hacia allá.
Arranqué el coche y empezamos a seguir a la muchacha que señalaba mi amigo. Esta se montó en un pequeño Mini, que salía disparado en dirección sur.
La seguí con las luces apagadas, para evitar que se percatará de nuestra presencia. Al cabo de aproximadamente treinta minutos observamos como aparcaba delante de una pequeña casa de color blanco roto, en la que la estaba esperando la chica a la cual había conocido días antes en la visita turística por Roma.
A continuación, Eric bajó del coche con rapidez una vez ambas entraron en la casa y se dirigió hacia su puerta.
- ¡Ey! ¿Qué piensas hacer? -pregunté algo agitado.
- Decirles que me devuelvan la copa.
Lo miré durante un segundo intentando descubrir por qué era tan listo para unas cosas y tan terriblemente tonto para otras.
- ¿Y piensas que van a darte la copa alegremente?
- Ellas no la quieren para estudiar, solo por sus propias ambiciones económicas, mientras que yo la necesito para examinarla.
- Repito, ¿qué te hace pensar que te van a dar la copa? La acaban de robar.
- Sino hacen eso, las denuncio por robo.
- ¿Piensas chantajearlas?
- Sí.
Me llevé las manos a la cara, intentando pensar como salir de esta situación de la manera más lógica posible, sin embargo, Eric decidió que no iba a pararse a que yo reflexionará,así que llamó tranquilamente al timbre, sin darme oportunidad de poder detenerlo.
Ambas chicas abrieron inmediatamente la puerta, pues parece ser que no se habían alejado mucho de esta, al entrar hacia apenas unos segundos antes.
- ¿Qué quieren? -preguntó la chica de cabello oscuro en italiano.
Eric no hablaba, supuse que estaba buscando la manera de expresarse en italiano, mientras yo esperaba a que diera el primer paso.
- Son ingleses - le susurró la rubia a su amiga.
- ¿Qué quieren? -volvió a preguntar de nuevo, pero esta vez en un perfecto y americano inglés.
Fin del flashback
Ahí estábamos ambos, Eric y yo, enfrente de aquellas dos chicas que nos miraban desconcertadas en el marco de su puerta.
- Tenéis algo que necesitamos -dije intentando llevar las riendas de la situación.
Ambas se miraron durante un segundo, y seguidamente salieron, cerrando la puerta tras de sí.
-Creo que ya va siendo hora de que os machéis de aquí -aseguró la muchacha de pelo rubio en tono amenazante.
En ese momento me planteé cómo habíamos llegado a ese punto, pues eso era algo que no tenía tan claro.
- No estaría yo tan seguro en tú lugar- le respondió Eric- Nosotros no somos los que hemos robado esa copa tan antigua y prestigiosa de la exposición.
Ambas se observaron durante un instante, posteriormente adoptaron una postura defensiva cruzando los brazos delante de ellas.
- ¿Por qué la quieres? No tienes pinta de ladrón, tienes pinta de intelectual o profesor -comentó la chica de pelo oscuro.
- Tengo pinta y lo soy, por eso necesito esa copa.
- ¿Por qué?
- No lo entenderíais.
- Prueba.
- No es de vuestra incumbencia -volvió a asegurar Eric.
- Pues te quedas sin la copa.
Actualmente me encontraba como en un partido de tenis, pero en mi caso en vez de seguir la pelota, los seguía a ambos.
Cuando, de repente ,e fijé en la guía turística del otro día, la cual miraba expectante a Eric, lo que me dejó aturdido también, pues jamás había visto que a mi amigo lo miraran así, no si estaba yo delante.
- De acuerdo, voy a llamar a la policía ¿a ver qué le parece? -dijo sacando el teléfono móvil.
- Di por qué quieres la copa y quizás lleguemos a un trato -interrumpió su compañera.
A mi amigo pareció interesarle la oferta, por lo que interrumpió su llamada.
- Estudiarla.
Ambas le miraron incrédulas durante unos segundos, pero al ver que su cara no mentía, tomaron una determinación.
- Te damos dos días para estudiarla, pero tendrás que venir aquí para hacerlo.
- Doce días.
- Cuatro días -contra-ofertó la rubia.
- Diez días -propuso Eric.
- Una semana- ofrecí yo- ni una cosa ni la otra.
- Trato hecho -aceptó la otra joven, extendiéndome la mano, la cual acepté. Posteriormente se la estrechó a mi amigo.